El cierre de ‘Girls’ o el principio de la adultez

Girls nunca ha sido una serie que le dé la vuelta a las cosas.

 

Desde su estreno hace seis años, la serie de HBO creada y protagonizada por Lena Dunham se ha caracterizado por lidiar de frente y sin pelos en la lengua con los conflictos que presenta en pantalla. Cruda, desenfrenada, de perrito y con celulitis, Girls promete mantenerse fiel al retrato de una juventud ególatra, humana y dolorosamente identificable.   

No es sorpresa, por tanto, que la última temporada terminara con la misma intención despiadada y sin filtros que bien define a la narrativa de Dunham. De hecho, ya si nos vamos a poner personales, considero que esta sexta temporada podría ser una de las mejores de la totalidad del programa. En la búsqueda de cierre de ciclos alrededor de la cual giran estos últimos 10 capítulos, las protagonistas comprenden y los espectadores aceptan que éste no es un cuento de hadas en el que las cosas se acomodan por toque de magia de un guionista negligente. Quienes nos criamos con una cultura del entretenimiento en la que la representación pop de la amistad todo lo gana y todo lo puede —Friends, How I Met Your Mother, Sex And The City—, el llegar a términos con la idea de que las relaciones amistosas también terminan, de que los amigos a veces pueden infligir más dolor que las parejas románticas, y que hasta tu mejor amigo puede ser un cabrón, es punzante, sincero y maravillosamente catártico.   

 

Nada (ni nadie) es para siempre

 

Si hay algo en lo que Girls destaca, es en su capacidad de humanizar y de individualizar a sus protagonistas. El grupo de amigas no se define sólo con base en ese grupo—todo lo contrario. Cada personaje está en un proceso personal de autodescubrimiento que muchas veces cruza la frontera del egoísmo y del narcisismo desvergonzados. Ninguna de las protagonistas va a sacrificar dicho proceso por nadie (ni por sus amigas más cercanas). Es por eso que conforme avanza la serie (lo cual se vuelve más y más evidente según se acerca la última temporada), hay episodios rotativos dedicados completamente a sólo una de las protagonistas, en donde las demás ni siquiera hacen acto de presencia. Es una manera de honrar esta individualización, pues cada uno de los personajes tiene suficiente fuerza como para sostenerse por sí mismo.

 

La culminación de este desarrollo paulatino es precisamente la poca interacción que existe entre las amigas en la sexta temporada. Las cuatro narrativas avanzan individual y paralelamente; los puntos de encuentro son prácticamente nulos, al grado de que vemos a Marnie rechazando las llamadas de Hannah, a Hannah rehusándose a aceptar las disculpas de Jessa y a Shoshanna resintiendo el egocentrismo de todas las demás.

 

A pesar de que el último capítulo de la serie es el décimo de la temporada (Latching), considero que éste es más bien una especie de epílogo en el que Hannah tiene que enfrentarse con la dura realidad de la maternidad. Sin embargo, creo que el último cierre verdadero es en realidad el noveno episodio (The Goodbye Tour), pues es éste el último capítulo (y el único en toda la temporada) en el que las cuatro amigas se reencuentran en un mismo espacio físico. Un encuentro lejos de una Carrie, una Samantha, una Charlotte y una Miranda sorbiendo fabulosamente de mimosas en una terraza neoyorkina. En este caso violento, Hannah, Jessa, Marnie y Shosh se amontonan en un baño a recriminar y señalarse con el dedo a gritos acusadores. Al salir del baño, ninguna reconciliación se ha llevado a cabo, sino todo lo contrario. Atravesar esa puerta significó abandonar también la idea de forzar nada, ni de aferrarse a cualquier vestigio de amistad que las uniera todavía. Una despedida poco convencional, en la que todas optan por continuar por ese camino de autodescubrimiento y crecimiento personal. Finalmente, no es egoísmo; es realismo. Jessa y Hannah, en un momento de escalofriante honestidad, sonríen una sonrisa cómplice que resume todo: no seguimos siendo amigas, pero eso no significa que no te lleve dentro.

 

Las amistades se acaban. Las relaciones se acaban. Incluso la eterna, apasionante y tormentosa historia entre Adam y Hannah llega a un final en el capítulo 8 (What Will We Do This Time About Adam?). La serie resume muy bien el sentimiento amargo de afrontar una realidad que dicta que aún lo que en algún momento creímos eterno puede terminar. Aún después de compartir noches en silencio frente a la televisión, carcajadas que explotan por encima de copas de vino, besos con sabor a cerveza o a mañanas en la cama o a palomitas en el cine. Incluso las relaciones con gente a la que le confesaste secretos a susurros y en cuyo hombro lloraste sufren de una inmensa fragilidad. Sin embargo, son esas relaciones que llevamos alguna vez tan dentro las que nos moldearon y las que se quedarán con nosotros de una u otra forma para siempre. Comprender esto sin aferrarse a algo que ya no funciona es una descripción bastante atinada de la madurez.

 

We’re all just doing our best

 

Desde el piloto, la serie ha tratado con temas que en su mayoría giran en torno a la transición a la adultez (sea lo que sea que eso signifique). Tener que enfrentarse con tomar ciertas decisiones que escinden nuestras vidas (laborales, emocionales, incluso geográficas) es un proceso largo y difícil que probablemente nunca termine. Si hay algo que Girls nos ha enseñado, es que muchas veces nuestros planes no salen de la forma perfecta e inmaculada en la que están dispuestos en nuestra cabeza. Pero no importa. La vida es recuperarse de los golpes que nos propina, y levantarse y adaptarse. Aunque tu marido haya salido del closet después de treinta años de matrimonio. Aunque tu carrera musical se haya estancado porque tal vez no tienes el talento que creíste. Aunque estés sola, con un bebé entre brazos y sin la menor idea de lo que estás haciendo. La última toma de la serie, un suave dolly-in a la cara de Hannah quien sonríe porque su bebé finalmente está tomando pecho después de semanas de rehusarse, para mí resume todo lo brillante de esta serie. ¿De qué se trata la vida más que de encontrar aunque sea un destello de felicidad incluso en las circunstancias más inesperadas? Como bien lo dijo Hannah a dos capítulos de ponerle el punto final a Girls, “we’re all just doing our best.”