“El arte es tu espejo”

Por: Fernanda Torres Vázquez

A todos nos pasa que, al contemplar Arte, a veces se desatan sensaciones que no sabemos que son, ni de dónde vienen, pero se sienten; indagar en ese sentimiento puede llevarnos a una profunda exploración individual y de nuestra sociedad. Además, hoy, los límites entre el artista y el espectador se van diluyendo para ir convirtiendo a ambos en los creadores de la obra. Una pintura, una danza, una pieza musical, así como el resto de las artes habidas y por haber, pueden llevarnos a navegar por el mar de la memoria, de la cultura y su desarrollo a lo largo del cuento de la humanidad que todos y todas vamos escribiendo hasta el presente. El inconsciente colectivo en constante transformación es pintado… esculpido… hecho poesía.

“Toda obra de arte es hija de su tiempo, y con frecuencia es madre de nuestros sentimientos” – Kandinsky

 

Una sociedad, además de leerse desde su Arte, puede transformarse con éste -ya no se diga de una persona-. Así como el Arte medieval fue brutalmente influenciado por el contexto de la
religión Cristiana, y transformó por completo la técnica, la estética e intensión; manifestándose en la arquitectura y dando a luz a corrientes contrastantes como el Gótico, tan negado por “pagano”; llenando el mundo de artistas representando madonas y pasajes bíblicos en pinturas y esculturas imponentes; así es también como nuestro contexto de sociedad globalizada y neoliberal influye en el Arte contemporáneo y se desarrollan cosas como el Arte conceptual, un ejemplo es, “Man is the controller of the Universe” de Damián Ortega.

 


Piensa que, durante siglos, en occidente, la producción artística estuvo al servicio de la iglesia y las cortes, y que en la Nueva España, hoy México, gran parte del proceso de evangelización se dio a través de la pintura y el teatro. Al fusionarnos con la cultura hispana, se concibieron grandes artistas mexicanos como el pintor barroco Villalpando o el músico Manuel de Sumaya.

El Arte Mexicano se fue desarrollando en este contexto, después surgieron los Paisajistas encabezados por Velasco, y con la llegada del Porfiriato en 1876 que abrió todas las puertas a la
modernidad, todo dio un giro completo, la sociedad y su Arte se transformó por múltiples razones, entre ellas están la fotografía, el cine, el ferrocarril, entre otras muchas cosas por completo comunes hoy en día; además del marcado apoyo para el desarrollo cultural del país, que llevó a muchos artistas mexicanos al extranjero para retroalimentarse de la vanguardia europea. Por otro lado, no tan positivo, dejó fuera la cultura indígena buscando un México con pinta europea, una intención que llegó hasta los niveles político-económico que culminó en la revolución mexicana.

En contraste, la Revista Moderna (1898-1903) fue alternativa y provocadora, incitando a las bien educadas señoritas porfirianas, a hacer cortocircuito con obras como los grabados de Julio Ruelas y poco a poco irse replanteando el significado de ser mujer, o de ser humano y estar vivo.

 

Lo que hoy conocemos como Muralismo mexicano, es la expresión del contexto del México posrevolucionario del siglo XX; inquieto por liberarse de la dictadura porfiriana y encontrar una identidad nacional. Estos majestuosos murales, de O ́Higgins, Rivera, Orozco y demás artistas, que habitan principalmente en las paredes de la Ciudad de México, expresan la mexicanidad, pasando por su proceso de revolución, excavando en su pasado prehispánico y convergiendo con el mundo moderno.

En un contraste aún mayor y rompiendo cualquier estética anterior en México, el Estridentismo surge al mismo tiempo que el Muralismo, en 1921, revolucionando principalmente la literatura mexicana en un escándalo, irreverente y transgresor, cuyo arte era un culto a la máquina de la modernidad, la estética de la metrópolis con sus ruidos, rascacielos y maquinaria. Querían destruir todo pasado ya que lo consideraban muerte y al final de su manifiesto escribían «¡Viva el Mole de Guajolote!»

La modernidad y la vanguardia artística se desenvuelven tomadas de la mano. Todo se transforma, surgen cascadas de corrientes artísticas con manifiestos diversos que generan rupturas constantes en el arte, en la forma de ver y experimentar el mundo; el Surrealismo penetró en México con ensoñadoras como Alicia Rahon, y surgieron muchas otras corrientes hasta la llegada de la generación de la ruptura en los 50’s, que termina de quebrar las estructuras de la academia al criticar y reaccionar ante los gastados valores nacionalistas del Muralismo; personajes como Lila Carrillo exploraron el mundo abstracto y lo neofigurativo.

 

“En los años sesenta proliferaba un espíritu de exploración en el mundo de las artes plásticas, en la música, el teatro, la danza, la fotografía, en fin, en las artes todas. Se daba un quiebre conceptual, los artistas no aceptaban las fronteras que los aprisionaba y empezaron a romper con los límites impuestos”, dijeron Josefina Alcázar y Fernando Fuentes

 

Hay una tremenda cantidad de libros que cuentan cómo a partir de este viaje que nos cuenta la historia del arte, se configura la forma de ver el mundo de hoy en día, el Arte nos revela el desarrollo de la psique colectiva. Se desenvolvió el revoltijo del arte contemporáneo, y que mejor que combinar la lectura con la aventura que es explorar las calles y los nuevos espacios para la mezcolanza artística, la exploración de todo contra todo, donde se diluyen los límites entre las artes, se reinventan, se apropian, tergiversan, se mezclan, se diversifican… por todo esto, es posible ir profundo en la exploración o perderse y caer en la banalidad, ya que, como hoy todo puede ser arte, no significa que todo lo sea, nada te asegura que lo expuesto en museos y vendido en miles de dólares en las galerías, sea algo más que una burla o una obra maestra, hoy es subjetivo.

Hay que vernos es el espejo del Arte, retroalimentarnos con nuestros ancestros, hay que voltear a ver nuestro extenso y diverso linaje artístico y darle raíces con alas al arte emergente que viene
para seguir transformando la realidad.

Josefina Alcázar y Fernando Fuentes “Performance y arte-acción en América Latina”, Exteresa, Ediciones sin nombre, México, 2005

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