¿Qué pasó con el graffiti?

Un bodeguero del barrio de Bushwick, en Brooklyn, Nueva York, llegaba todos los lunes a cubrir con pintura todos los graffitis que los vándalos del barrio habían plasmado durante el fin de semana en la fachada de su negocio. Llevaba meses -si no es que años ya- quejándose con vecinos y autoridades, quienes, maniatados no encontraban solución. Hace apenas algunos años un acto epifánico dio un giro radical a su situación. Fue a la cacería del mejor graffitero que le pudieran recomendar y le suplicó plasmar una obra lo mejor pulida que pudiera realizar en la entrada de su local. El dinero en pinturas para tapar las fechorías que tiraba al caño sistemáticamente, lo invirtió ahora en latas de colores para que el joven y anónimo artista diera rienda suelta al spray.

Siguiendo su ejemplo, otras víctimas de la zona empezaron a patrocinar a los chicos como si se tratara de una beca barrial, convirtiendo un problema que inició en la década de los setenta y paulatinamente está transformando el aspecto ruinoso, hasta apenas entrados los dosmiles. Esto es: el graffiti sigue siendo una práctica ilegal en todo el mundo, excepto en algunas calles de los barrios de Bushwick, Williamsburg y algunos puntos selectos de  Manhattan como Chelsea, el Lower East Side.

Es natural pensar que los graffiteros amantes de la adrenalina y el peligro de hacer una pinta ilegal sientan que ya no tiene chiste pintar o pegar con permiso. Sin embargo, los representantes activos de la vieja escuela (los pintores más viejos) están dando el ejemplo sumándose a la iniciativa, que además, está esforzándose por dejar las pintas por temporadas breves para dar oportunidad a más y más amantes del spray.

El graffiti, un arte que va y viene en popularidad, está vivito y coleando, aunque no sea la escenografía estelar en los medios de comunicación de este tercer lustro del 2000.

Como los oportunistas “no dan paso sin huarache” y las zonas de pintas “organizadas” han transformado los barrios en zonas gentrificadas con índices de violencia en picada, hoy es posible hacer recorridos por los barrios mencionados para presenciar cara a cara la muestra plástica tal como en un museo, pero sin puertas de entrada y salida, a cielo abierto y de la mano de un guía de turistas, en opciones pagadas o gratuitas.

Varios chicos, enterados y conocedores del talento involucrado, su historia y sus técnicas, ofrecen paseos explicados con el mismo profesionalismo que la señora que te explica el arte contemporáneo en el MoMA. En dos horas puedes recorrer unos dos kilómetros de tags, stencils, murales, calcomanías y posters de talento joven “mundialmente desconocido”, entremezclado con piezas de nombres icónicos como Blek Le Rat, Swoon, Banksy, Buff Monster, Space Invader, Obey, Futura y muchos más.

Por supuesto, el servicio es contratado por internet, usualmente. Como menciono antes, puede ser un guía gratuito/pague-lo-que-crea-que-vale-el-paseo, o también un guía que puede cobrar por anticipado (mucha gente desconfía de esta opción, que sin embargo es 100% fiable), al final del paseo en efectivo o tarjeta (el guía lleva su propia mini-terminal conectada al smartphone) o incluso después, de vuelta al sitio de internet que ya tiene los datos del contratante. Los precios varían por proveedor desde los $25 dólares hasta los $150.

Si vas por la Gran Manzana, contrata tu visita guiada al “museo del arte graffitero” en Nueva York aquí:

http://saddleshoetours.com

http://www.freetoursbyfoot.com/new-york-tours/brooklyn-tours/williamsburg-street-art-tour/

http://www.brooklynunpluggedtours.com/brooklyn-tour-graffiti-street-art

http://streetartwalk.com

y si tu destino es en Philadelphia o Los Angeles, también hay opciones en: http://grafftours.com.

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